Del 19 al 26 de enero de 2026, destacaron algunos reportes y notas que analizan el impacto de la Inteligencia Artificial en el ámbito educativo, que permiten explorar un práctica que está desapareciendo.

De acuerdo con los resultados de la prueba PISA, México se encuentra entre los países con menor puntaje. Como país, enfrentamos un retroceso educativo preocupante, sobre todo en áreas fundamentales como escritura, lectura y matemáticas. El testimonio de Margarita Sánchez, docente de bachillerato, no deja lugar a dudas sobre el problema: “No es broma: un alumno de prepa es incapaz de escribir correctamente una cuartilla. No solamente fallan en la ortografía, la composición de los textos es un desastre. Y todo nace mal desde el nivel básico, así van saliendo mal de primaria, secundaria y prepa”[1].

Si bien, hay factores que pueden explicar el rezago, como la transformación digital motivada por la pandemia por covid-19 en los métodos de enseñanza, que aumentó el consumo de contenido audiovisual y la fragmentación de la lectura, me gustaría abordar un elemento clave: hemos dejado de escribir a mano. Conforme avanzan los niveles educativos, es evidente la disminución del uso de lápiz y papel en las y los estudiantes. Si bien, en los primeros grados de primaria es más frecuente, desde cuarto año y a lo largo de la secundaria lo más común es tomar fotos de los apuntes o copiar y pegar información de internet para realizar tareas y trabajos.

Para media superior, los apuntes a mano siguen disminuyen y los trabajos de investigación se entregan impresos o enviados por correo. Por ello, la sorpresa de mis alumnos de preparatoria cuando les dije que, en mi clase, les pedía que sus apuntes los tomaran a mano y que me presentaran su trabajo final por escrito. “No somos alumnos de primaria”, objetaron, aunque su deficiencias en ortografía y redacción los contradecía. “Si escribes con lápiz y te equivocas, lo borras y fácilmente lo corriges”, les decía para motivarles.

Pero no solo se trata de practicidad y estética. Para la doctora Catalina Alatorre Cruz, investigadora del Instituto de Neurobiología de la UNAM, “cuando nosotros escribimos a mano, necesitamos codificar o decodificar la información en tres niveles: el fonológico, que consiste en pasar de lo que hablamos a lo que escribimos; la grafema, que es el proceso de transformar los sonidos del lenguaje en letras o símbolos escritos; y el motor, que corresponde al acto físico de escribir[2].

Escribir a mano genera patrones de conectividad cerebral mucho más complejos asociados a la memoria, la atención y la integración sensoriomotora. Por eso es importante que en las aulas la práctica sea valorada y recuperada. También José Manuel Jurado, catedrático de la Universidad de Guadalajara, ha señalado la importancia de desarrollar en las y los alumnos las habilidades psicomotrices para escribir a mano, pues esto impacta positivamente en memoria, capacidad de expresión y comprensión[3].

El señalamiento de Jurado cobra más relevancia si consideramos la reciente investigación de la Brookings Institution, “A new direction for students in an AI world: Prosper, prepare, protect” (2026), que sostiene que en el ámbito escolar los riesgos de la IA son mayores que los beneficios potenciales. Constando de 500 participantes, entre alumnos, familiares y docentes provenientes de América, Asia, Europa y África, los resultados muestran que la integración de esta tecnología en la educación es calificada de preocupante[4].

De acuerdo con el reporte, herramientas como ChatGPT tuvieron, desde 2022, una adopción acelerada entre jóvenes, quienes utilizan la IA para realizar actividades académicas, conversar con chatbots en redes sociales o buscar consejos personales, a pesar de las restricciones impuestas por las escuelas. Particularmente, hablando del trabajo escolar, el informe señala una gran preocupación ante el uso excesivo de IA, puesto que delegar en ella tareas de razonamiento y resolución de problemas puede llevar a la pérdida de habilidades críticas y dependencia intelectual.

Si bien, no podemos aislar a las y los estudiantes del mundo digital, podemos motivar que la información extraída de la IA pueda ser decodificada en su cerebro pidiéndoles que escriban a mano sus tareas o investigaciones, para romper el ciclo de copiar, imprimir y entregar. A largo plazo, regresar al lápiz y el papel en bachillerato y licenciatura puede convertirse en una práctica común en la vida de algunos jóvenes, que incida positivamente en su memoria y análisis. Tal como, efectivamente, resultó en mis grupos.

Referencias

1 “Evidencian fallas con rezago en lectura y escritura”, Informador, https://www.informador.mx/mexico/educacion-evidencian-fallas-con-rezago-en-lectura-y-escritura-20260119-0022.html

2 “Escribir a mano: clave para el cerebro y el aprendizaje”, UNAM Global, https://unamglobal.unam.mx/global_revista/escritura-a-mano-cerebro-aprendizaje-unam/

3 “Evidencian fallas con rezago en lectura y escritura”, Informador, https://www.informador.mx/mexico/educacion-evidencian-fallas-con-rezago-en-lectura-y-escritura-20260119-0022.html

4 “La inteligencia artificial preocupa a expertos por su efecto en estudiantes”, Infobae, https://www.infobae.com/educacion/2026/01/18/la-inteligencia-artificial-preocupa-a-expertos-por-su-efecto-en-estudiantes/

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