📘 Ficha bibliográfica: Flores Crespo, Pedro (2025). ¿Por qué fallan las políticas educativas? Análisis del sexenio 2018-2024. ANUIES. Colección de libros: “Temas de hoy en la educación superior”. 171 pp.

Presenta: Dr. Alejandro Canales (IISUE UNAM)
Comenta: Dr. Pedro Flores Crespo, autor
Modera: Dr. Miguel Alejandro González Ledesma

7 de octubre de 2025, IISUE |Presencial sin transmisión. Muy buenos días a todas y a todos. Muchas gracias por la invitación a presentar el libro de Pedro Flores Crespo (PFC), un colega muy apreciado y muy buen amigo desde hace varios años, que ya suman décadas. Y gracias a Alejandro González, otro colega también muy apreciado, ambos pertenecemos a la misma área de investigación aquí en el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE), a quien agradezco la invitación y la organización de esta sesión del Observatorio de políticas educativas. El libro de Pedro, lo dice explícitamente en sus páginas, busca estimular el debate y la reflexión sobre las políticas y especialmente de las políticas educativas. Y los comentarios que haré son en ese ánimo, porque tomé la invitación al pie de la letra.

El título del libro, como es notorio, es una pregunta: “¿Por qué fallan las políticas educativas? Análisis del sexenio 2018-2024”. Y los cuatro capítulos en los que está estructurado el libro son otras tantas interrogantes: Cap. 1: “¿Cómo se conformó la agenda educativa?”; Cap. 2 “¿Qué resultados tuvimos?” Cap. 3 “¿Por qué fallan las políticas educativas?” (qué es la misma del título) Y, por último, cap. 4. “¿Qué hacer? A manera de conclusión”. Suman 171 páginas en las que da respuesta a esas preguntas.

Pero, la primera pregunta, la interrogante principal, ya contiene una valoración. Es decir, no se inquiere, como cabría esperar, cuáles o cómo fueron las características de las políticas de ese periodo. Nos anuncia: ¡¿Por qué fallan las políticas educativas?! Es decir, nos anticipa lo que uno encontrará en el libro. Y PFC no se anda por las ramas, desde la introducción, en el primer párrafo de la primera página, plantea su principal argumento que piensa desagregar a lo largo de los cuatro capítulos:

“Este libro sostiene que las políticas educativas durante el sexenio 2018-2024 no tuvieron los resultados esperados por el propio gobierno y la sociedad debido a que estuvieron sustentadas en un modelo de ejercicio de poder con las siguientes características”. Y enumera seis rasgos: 1) Anulación del individuo, esto es, reemplazó la noción de individuo por la del pueblo; 2) tergiversación de lo público, porque se descalificaron a los actores no gubernamentales, no se definieron los problemas públicos, y se socavó la pluralidad; 3) autosabotaje, los recursos de comunicación, como las conferencias matutinas (“Mañaneras”) operaron, entre otras cosas, para sabotear de manera inintencionada la conducción del gobierno”. Aunque la verdad, este rasgo no me quedó claro; 4) El reemplazo de la ética por la moral., porque sus valores eran dúctiles y fácilmente intercambiables.

Pero antes de que Pedro desagregue las bases de su argumento central, nos advierte que el origen del libro fue el material que había escrito sobre política educativa entre 2018 y 2024, con ese material ya en la mano, él pensaba que ya tenía un panorama claro y el libro listo. Pero resultó que no fue así. Las personas que dictaminaron el libro le hicieron observaciones y tuvo que rehacerlo. Eso es lo que tenemos ahora.

El primer capítulo tiene dos elementos centrales: uno es el programa sectorial de educacion; otro es el rasgo público de las políticas y de los problemas públicos. Sobre el primero, anota Pedro, fue una propuesta convencional para conducir la anunciada transformación, con algunos aciertos y una narrativa exagerada para derogar la reforma previa. En torno al segundo elemento, Pedro se adscribe a la noción que destaca la relevancia de lo público como el espacio plural en el que convergen lo gubernamental y lo social, sea para gobernar o para definir los problemas de interés público. Obviamente, es mucho más amplio y variado lo que escribe Pedro, pero estoy tratando de sintetizarlo y simplificar para hacer un par de observaciones a este capítulo.

En primer lugar, señala correctamente que la política pública contiene elementos explícitos e implícitos, ambos con efectos reales. Los primeros quedan plasmados en planes programas; los segundos, los implícitos, no son revelados, pero son llevados a efecto. El problema, y la observación, es que solamente puso como ejemplo de lo explícito el caso del Programa sectorial (pág. 25 y ss); luego se olvidó de los implícitos y no los volvió a mencionar. En mi opinión los implícitos fueron los más importantes.

En segundo lugar, el programa sectorial tiene su relevancia, pero en el periodo 2013-2018 y especialmente por la figura de López Obrador, hubo otros documentos que tienen mayor importancia para explicar la integración de la agenda educativa. Uno de ellos es el extenso documento “Proyecto de nación 2018-2024” de casi 500 páginas que reunía algunas de las propuestas de AMLO. Aunque este documento tuvo relevancia, no por lo que estableció sobre el tema educativo –un tratamiento verdaderamente improvisado y lamentable–, la tuvo porque exhibió que el sector educativo no estaba y no estaría en el horizonte de las acciones a emprender por su gobierno. Lo que sí estaba en ese Proyecto, y apareció como preocupación principal, fue el programa de becas para los jóvenes. El segundo documento importante para la integración de la agenda del sexenio fueron los 10 compromisos que estableció López Obrador en Oaxaca. Los formuló en el 2018, previo al día de los maestros y a los comicios electorales. En ese encuentro fue donde anunció su iniciativa de alimentación en escuelas de edcuación básica de zonas desfavorecidas, reiteró lo de becas para los jóvenes, pero sobre todo se comprometió a “cancelar la mal llamada reforma educativa”. La frase que identificaría una de sus principales acciones en el sector.

En tercer lugar, lo que señala Pedro sobre lo público es una de las vertientes. En efecto, lo público se puede entender como el espacio plural en el que convergen lo gubernamental y lo social, sea para gobernar o para definir los problemas de interés público, especialmente porque lo público no es equivalente a lo gubernamental como durante mucho tiempo se utilizó. De hecho, seguramente de ahí proviene la denominación de Secretaría de Educación Pública. Sin embargo, pienso que una indagación sobre las políticas, un análisis, se puede beneficiar si incorpora al menos otros dos componentes de lo público: a) lo público en el sentido de un proceso de política transparente, abierto; un proceso deliberado en el espacio público, sujeto a reglas acordadas y a una rendición de cuentas; y b) otro que no es menor, el de público porque son políticas que utilizan recursos fiscales, recursos públicos que son de todos los ciudadanos. En cualquier contexto importa discutir la distribución de los recursos públicos, pero todavía lo es más cuando los recursos son escasos y son muchas y muy variadas las necesidades, tanto como el tipo de acciones que se piensan llevar a efecto con esos recurso públicos.

En el segundo capítulo, PFC hace un recuento de las iniciativas que se pusieron en marcha y los saldos que se obtuvieron. Por ejemplo, destaca el menor nivel de inversión por estudiante universitario en los últimos 23 años; el reducido porcentaje de metas logradas al final del sexenio, conforme lo que se había propuesto en el programa sectorial; las fallas en los intentos de inclusión educativa, especialmente en los grupos en condiciones más desfavorables; la declaración de obligatoriedad de la educación superior, sin posibilidad que hacerla realidad e incluso sin lograr la meta de cobertura del 50 por ciento que se había autoimpuesto; o los efectos de la contingencia sanitaria. En general, como resultados del sexenio, anota Pedro, el saldo es negativo en materia educativa, porque “Se invirtió menos que en gobiernos pasados, hubo retrocesos en algunos niveles educativos como el de la primaria, y a causa de la emergencia sanitaria y a malas decisiones, se profundizó la exclusión escolar y la caída en los aprendizajes”.

Pienso que, en efecto, los resultados no son satisfactorios, pero no lo son porque la atención, la preocupación y el interés gubernamental no estaban en el sector educativo; tampoco estaban en la salud o en la ciencia. El interés estaba puesto en las negociaciones con los actores y en el juego de la política política (politic).

En el tercer capítulo, PFC busca explicar por qué el gobierno de AMLO fue tan ineficiente en materia educativa. Y, a este respecto, apunta Pedro: “gobernar no es entonces una tarea sencilla. Demanda del líder político la capacidad de extraerse de sí mismo para pensar la realidad tal y como es, no como éste asume. Quedarse con una idea subjetiva de la realidad es arriesgado. La realidad se construye por medio de la experiencia, el conocimiento y del diálogo plural entre iguales y no por ‘velos’ que la distorsionan. Estos ‘espejismos’ y ‘máscaras’ tuvieron un papel central en el diseño e implementación de distintos programas y políticos durante el sexenio 2018-2024. Explicamos esta observación a continuación” (pág. 73).

Y las explicaciones que nos ofrece Pedro se refieren a la desagregación de casi una docena de rasgos sobresalientes del gobierno de López Obrador, como:

  1. “La sustitución del individuo por la categoría de pueblo” (Desprecio por el individuo, ‘amor’ por el pueblo);
  2. La intolerancia a la crítica, en donde aparecieron las expresiones “yo tengo otros datos”, las mentiras sinceras, nuevas formas de engaño, o a lo que se conoció como “maromas” para lidiar con la crítica púbica;
  3. El código anticientífico, refiriéndose al contenido del Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación, y a las acciones emprendidas por la titular del entonces Conacyt, María Elena Álvarez Buylla, como la prohibición de los transgénicos y el glifosato, o bien, la descalificación de universidades y centros de investigación, las acusaciones penales infundadas a exfuncionarios y científicos, el recorte de becas al extranjero, el desorden con el Sistema Nacional de Posgrado, entre otras;
  4. Un modelo de gobierno de “poder impotente”, porque, Pedro cita a Roger Bartra, “una condición en la que el poder autoritario se mueve en el vacío provocado por el desorden que reina en el gobierno y por la falta de salidas” (pág. 103);
  5. Y un “desgobierno frente a la emergencia”;
  6. “Intersectorialidad: el caso de la estrategia contra las drogas”;
  7. “El presidente contra la educación pública (recorte de 50 por ciento de los programas para destinar los recursos a proyectos prioritarios);
  8. “Resignificar la evaluación, ascenso del oficialismo”, la eliminación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, su susitución por la Comisión Mejoredu, y de nuevo la eliminación de esta última, porque duplicaba funciones, pero tal parece que lo que se busca es el control de la información y ahorrarse recursos financieros;
  9. “Cambio curricular: centralismo improductivo”, la polémica, las inconsistencias y fallas en el intento de cambio curricular, la elaboración de los libros de texto o la Nueva Escuela Mexicana;
  10. “(Anti)humanismo mexicano”, el interés en este caso, anota PFC, no es una disquisición filosófica, sino un fin práctico; apuntalar una visión personalista de la justicia;
  11. “Corrupción como transformación”, en donde se mencionan algunos ejemplos que ilustran acciones gubernamentales lamentables e indebidas, como la solicitud a la Auditoria Superior de la Federación para que pospusiera el informe relativo a la “evaluación de la política educativa en el desarrollo económico de México” en el reporte entregado a los legisladores, la desautorización del informe sobre las Universidades Benito Juárez García realizada por el Coneval; o la muy sospechosa adjdicación de un seguro para los bienes patrimoniales de la SEP, por parte del exsecretario de educación Esteban Moctezuma (Por cierto, Mathieu Tourliere, el reportero al que se refiere PFC no es ella, es él).

Pedro respalda ampliamente sus afirmaciones en documentos públicos y evidencias para mostrar por qué fallaron las políticas, componentes que se sintetizan en los cuatro que nos había anticipado en la parte introductoria de su libro.

Sin embargo, me pregunto si un esquema analítico distinto para analizar las políticas del periodo hubiera sido más provechoso. Por ejemplo, tengo la hipótesis de que los resultados de la política educativa (la policy o policies) fueron insatisfactorios, porque en realidad la preocupación gubernamental no estaba colocada en ese sector, ni en la ciencia o la salud. El interés estaba puesto en la política política (politic). Es decir, lo relevante, el esfuerzo y la labor de la actuación gubernamental se desplegó en cómo concentrar los resortes y los mecanismos de poder, como la captura de las instituciones políticas como el Congreso, la anulación de los contrapesos o la distribución del presupuesto, así como sacudir el tablero y establecer nuevas reglas de juego en la arena política. Unas reglas que tuvieron fuertes y graves consecuencias para la formulación y calidad de las políticas (policies), porque lo que importaba no era el contenido de las iniciativas para atender los problemas de la educación o la ciencia, a lo que había que prestar atención era al tipo de relaciones y negociaciones con los actores políticos. Decisiones que tuvieron un efecto notable en las políticas educativas. Por cierto, un componente sobresaliente y central del periodo anterior fue la eliminación de los organismos e instituciones mediadoras entre el gobernante y el ciudadano, porque, AMLO lo reiteró a lo largo del sexenio, se quería entender directamente con los ciudadanos. Un componenente que no está presente en el libro de PFC. Pensemos no en la eliminación de los llamados organismos autónomos, pensemos en la supresión del Instituto Nacional de la Infraestructura Educativa (Inifed), las guarderías infantiles, o la eliminación de Mejoredu, una iniciativa que se propuso en el periodo por el mismo gobierno.

A la par, también pienso si no habría resultado útil incluir esa complicada y relativamente reciente noción de “posverdad”. Sobre todo para darle mayor sentido a esa circunstancia en donde “los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación y en la percepción pública, que las apelaciones a las emociones, sentimientos y creencias personales”. No solamente porque lo vimos y lo seguimos viendo que, frente a un enunciado fáctico, se anteponen expresiones de hechos alternativos, otra realidad, otros datos o la simple y llana negación ante la realdiad real. Lo grave es que ya no parece asombrarnos que se nieguen hechos objetivos o verdades fácticas, lo normalizamos, y obviamente tiene consecuencias sobre los regímenes democráticos.

En fin, Pedro, en el cuarto y último capítulo añade un toque de optimismo al panorama trazado, las llama “lineas de pensamiento general”. Por ejemplo, propone: la defensa de la autonomía para una mayor y mejor imaginación para señalar errores y elaborar propuestas; la reconstrucción de la justicia; un pensamiento más riguroso y acciones más razonadas y profundas (Por cierto, en este apartado, dice Pedro, ya no es suficiente el enfoque incrementalista, ese que se proponía desde una perspectiva de implementación de las políticas públicas, y uno se pregunta: si no es ese, entonces cuál podría ser); o bien, precisa Pedro, “ nuevas reglas para potenciar la capacidad del conocimiento en bien de todas y todos. Esto exige políticas educativas más imaginativas y efectivas” (pág. 148)

Por último, PFC, finaliza con una serie de puntos que las llama: “Rutas de análisis futuro”. Por ejemplo, señala que “Para rebasar la dimensión personalista en regímenes de autoridad aparentemente unificada, es necesario poner mayor atención a las intermediaciones de carácter simbólico e ideológico que un personaje moviliza desde el poder y que tienen sentido en los imaginarios sociales reales. Un ‘Yo social’” (pág. 150-151).

Finaliza: “No buscó culpables ni exculpó víctimas, trató de discutir conductas, hechos y un proceso de gobierno bajo una perspectiva realista”.

Y sí, el libro de Pedro es muy necesario para tratar de entender qué ocurrió con las políticas educativas que se pusieron en marcha en el sexenio anterior y se suma a la serie de análsis realizados al respecto. Afortunadamente las contribuciones cada vez son más numerosas y nos permiten armar un mejor panorama. Felicitaciones por el esfuerzo realizado.

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