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Investigación

Presentación FIL Minería

Itinerarios de escritura de mujeres. Experiencias desde la diferencia sexual en la historia de México, siglos XVI al XIX

Escritos de Mujeres
Mariana Abreu Olvera
27 de febrero de 2025

El pasado de las mujeres ha sido visto, con frecuencia, como un pozo de miserias y migajas de experiencia. En este libro, se abre un camino luminoso para la historia de las mujeres desde México, como una fuente de la que brotan nuevos sentidos para significar nuestro pasado y nuestro presente, al encontrar plenitud y libertad en la escritura de las mujeres estudiadas. Itinerarios de escritura de mujeres. Experiencias desde la diferencia sexual en la historia de México, siglos XVI al XIX es una obra colectiva, fruto de la trayectoria investigativa y de conversaciones y reflexiones entre mujeres con caminos e inquietudes diversos.

         Aquellas con más experiencia han sido lumbreras para las más jóvenes y han guiado nuestras preguntas para encontrar respuestas precisas, complejas y creativas en las fuentes escritas por mujeres o en sus voces, que en ocasiones aparecen cuando ellas no han podido escribir. Así, nos han compartido generosamente sus aprendizajes teórico-metodológicos y sus propias aventuras en la investigación. Han leído con paciencia nuestros primeros ejercicios de aproximación y nos han reencaminado cada vez que nos hemos dejado llevar por la corriente de la historiografía tradicional masculina, que encuentra poco valor en lo que las mujeres del pasado han dicho sobre su propia vida y sobre el mundo que las rodea.

         Las categorías y los conceptos elaborados por las pensadoras feministas han sido de vital importancia para nuestros recorridos. La categoría de género, traída a la disciplina histórica por Joan Scott, nos permitió pensar en los significados de nacer en un cuerpo sexuado en femenino o en masculino en un contexto determinado. La propia autora hizo una revisión crítica de la categoría de género que se ha usado, y se sigue usando, equivocadamente, como sinónimo de “mujeres”.

          El concepto de diferencia sexual, traído a nosotras por autoras como Luisa Muraro y Lia Cigarini, ha abierto otros horizontes de sentido en nuestra investigación. Nos permitió tomar distancia de las miradas que centraban su atención en la subordinación y la miseria de las mujeres, para encontrar su grandeza y su enraizamiento en un orden cercano al origen y a la madre. Pensar en la diferencia sexual y desde la diferencia sexual nos ha llevado a encontrar en el hecho de nacer en un cuerpo sexuado en femenino, una fuente de infinitos significados ligados al amor, la libertad, la vida y lo divino. En donde otros han visto un dato irrelevante o una justificación natural de subordinación, nosotras vemos una fuente inagotable de sentido.

         Preguntarse por las búsquedas espirituales, hilo que guía la primera parte del libro [de la que yo hablaré más a detalle, Sari hablará sobre la segunda parte], implica ya un desplazamiento de la mirada. Clara Inés Ramírez se pregunta cómo concebía Inés de la Cruz –fundadora del convento del carmen en la Ciudad México en 1616 y, en 2014, de la colección Escritos de Mujeres– sus búsquedas espirituales y cómo pensaba su obra en la sociedad de entonces. Estas preguntas, en la aridez del mundo universitario podrían ser rechazadas por percibirse como poco objetivas, a pesar de lo concretas que pueden ser las respuestas que se hallan en las fuentes. Clara Inés, como fundadora misma del grupo de investigación, abre el camino para acoger preguntas ligadas a las pulsiones de vida y a las inquietudes que puede tener una mujer en el siglo XVII o en el siglo XXI.

         De la mano de ambas autoras, redescubrimos cuáles son los eventos que pueden marcar la vida de una mujer, muy distintos a los que aparecen en las biografías sobre hombres. El nacimiento, el bautizo, el deseo de entregarse al camino espiritual y hacer espacio a la voluntad de Dios son momentos de gran relevancia para Inés. Al mirarlos con esa importancia, es posible recrear su mundo y poner atención al tejido que permitió a Inés de la Cruz ser quien fue. Así, su contexto puede reconstruirse al pensar, más que en la Contrarreforma y la Conquista de América, en los movimientos espirituales de mujeres, como el de las alumbradas, que influyó a Inés, o en lo que significaba la experiencia concreta de una niña y su familia al migrar a la Nueva España.

Carolina Narváez nos acerca a la experiencia mística de Isabel Manuela de Santa María a partir de su diario espiritual, escrito en el siglo XVIII. Se trata de una mística de la unión, en donde la experiencia corpórea de los sentidos está íntimamente entrelazada con la escritura misma y con el vínculo directo y cercano a Dios. Es una vivencia única, en la que el gozo, el gusto y la dicha sostienen la experiencia de conocer y amar a Dios y en la que alma, cuerpo y mente mantienen su unión natural. La escritura aparece como una necesidad del alma, como un “aliento de vida” y una forma de poner en palabras lo indecible del arrebato místico.

         En otros espacios de interlocución, se veía en la ausencia de datos biográficos sobre Isabel Manuela como una limitante para la investigación. Carolina encuentra en el diario espiritual una gran riqueza y las palabras precisas y justas para comprender los aspectos más entrañables de la experiencia de esta monja. Encuentra y elabora la idea de amistades intangibles entre Isabel Manuela, Teresa de Jesús, Catalina de Siena, Santa Clara y Santa Gertrudis, antecesoras que dan sustento a la experiencia mística de Isabel y que forman parte de una genealogía de espiritualidad femenina. De esta forma, propone una manera fértil de recrear el universo interior y exterior de la autora, al seguir pistas cercanas a la vida del alma.

         Descubre, también, la importancia de la Virgen María y su vínculo con la naturaleza, presente en la escritura de Isabel Manuela, como una forma de afirmar su existencia como mujer y su vínculo al origen, en sintonía con la tradición milenaria del reconocimiento de las diosas madre, de la gran madre como origen.

Sari Meléndez explora la escritura de mujeres de origen africano en el ámbito conventual iberoamericano de los siglos XVII y XVIII, siglos en los que tuvo lugar el comercio transatlántico de esclavos. A través de la experiencia de Juana Esperanza de San Alberto y de Teresa Juliana de Santo Domingo, se abre un universo que ha aparecido muy poco en la escritura sobre la historia de mujeres y hombres de origen africano y que permite repensar la mirada que hemos heredado sobre el mundo esclavista.

         La posibilidad de encauzar sus búsquedas espirituales a través del cristianismo y la vida conventual permitió a Juana Esperanza y a Teresa Juliana mantener un vínculo con Dios y dedicarse a la vida del alma. Ambas religiosas trascendieron las diferencias culturales, los marcos institucionales, e incluso eludieron los prejuicios racistas de sus contemporáneos y lograron encontrar paz y calma tras el secuestro violento que sufrieron en su infancia de sus lugares de origen.

         Sari encuentra en ellas un antecedente del movimiento black is beautitul enunciado en la década de 1960 en Estados Unidos. Así como la diferencia sexual aparece como una fuente de sentido anclado en la grandeza, el ser negra se muestra como un enraizamiento de belleza y amor: “Hijas de Jerusalem, esposas de Jesu Cristo, aunque soi negra, soi hermosa y el poderoso Rey me amó y me trajo a su Iglesia y me introdujo a este retrete de sus delicias”, dice Juana Esperanza a las autoridades conventuales que le pedían abandonar el claustro tras la muerte de su dueña.

Los textos de este libro son distintos entre sí, como lo son sus autoras y sus protagonistas. Tienen en común la confianza en las experiencias, la escritura y la voz de las mujeres como fuentes de conocimiento y verdad. Algunos rasgos aparecen de forma persistente, como la elección de ciertos nombres espirituales para honrar la genealogía femenina, la presencia de Dios Amor, la experiencia de haber sido niñas en libertad o la de haber migrado, la insistencia en vivir en libertad a pesar de las circunstancias que buscaban imponer lo contrario y la escritura como una necesidad del alma.

         Resignificar las ideas que tenemos sobre la historia a partir de lo que las mujeres mismas dicen sobre el mundo en que vivieron transforma también la relación que establecemos con el pasado. Es una inquietud común para las historiadoras y los historiadores preguntarse sobre el sentido de la disciplina histórica. En ocasiones la historia ha sido vista como una progresión que va de peor a mejor y, bajo esa mirada, las mujeres aparecen hasta muy recientemente, como si hubiera sido la lucha por los derechos la que las hiciera aparecer en el panorama. Simone Weil decía que “lo que es mejor que nosotros no podemos hallarlo en el futuro. El futuro está vacío y nuestra imaginación lo rellena.”[1]

         Podemos entonces mirar al pasado para buscar inspiración. Ella, Simone, decía también: “No hace falta que nos preguntemos cómo aplicar a nuestras condiciones actuales de existencia la inspiración de un tiempo tan lejano. En la medida en que contemplemos la belleza de esa época con atención y amor, en esa medida su inspiración descenderá sobre nosotros y poco a poco hará imposible al menos una parte de las bajezas que forman el aire que respiramos.”[2]


[1] S. Weil, Hacer la guerra, Barcelona, Taurus, p. 106.

[2] Ibid., p. 122.