Clara Inés Ramírez González y Carolina Narváez Martínez, coordinadoras
Christine Hüttinger

Empiezo con mi propia historia. Cuando estaba en la carrera de Historia, unas colegas y yo nos unimos en un taller en 1979 que llamamos Mujer e Historia („Frau und Geschichte”), ante la ausencia de las mujeres en la historiografía que estudiábamos. Leímosa Clara Zetkin, Alexandra Kollontai; Betty Friedan, Simone de Beauvoir; Kate Millet, Shulamith Firestone, y muchas otras.
La escritura puede ser un medio de expresión, puede servir para aclararse las propias circunstancias de vida, puede servir para empoderarse (como muestra el ejemplo de Harriet Jacobs, que, a la vez, se sintió insegura al escribir, por el desplazamiento de los espacios sociales de la escritura.) Muchas veces, la voz de la mujer se conserva por vía de la transmisión en una voz masculina, una circunstanncia que resulta sumamente problemática porque le resta visibilidad a la voz femenina.
En la literatura del siglo XIX la creatividad fue concebida como dominio exclusivo de los hombres. Se consideraba que el escritor era el padre del texto; a las mujeres, en cambio, se les negaba crear imágenes propias de su feminidad. En la literatura se plasmaba a la mujer ideal como una criatura pasiva, dócil, sin personalidad, cuya pureza contemplativa evocaba tanto el cielo como el cementerio y que desemboca en la metáfora del “ángel del hogar”. Pero, tras el ángel se esconde el monstruo, el anverso de la idealización masculina, mismo que produce miedo a la feminidad.
Leyendo los “Itinerarios”, me resultaron particularmente interesantes las consideraciones acerca del quehacer de las historiadoras que se encuentran en muchos de los trabajos. La pregunta clave es: ¿a través de qué documentos podemos reconstruir el pasado? Encontramos fuentes escritas, conservadas en los archivos, en los tribunales, en las instancias administrativas. Pero estas fuentes tienen un formato específico que filtra “la vida real”. Me vino a la mente el libro de Nathan Wachtel, La foi du souvenir, que versa sobre los marranos, los judeoconversos, cuya vida trata de reconstruir, su material de apoyo son las confesiones, arrancadas en los tribunales de la Inquisición, a veces no se sabe, si la confesión servía para evitar la tortura. Recuerdo en este contexto también el texto de Beatriz Sarlo Tiempo pasado donde reflexiona sobre la memoria, el pasado y el recuerdo (el ensayo fue escrito a propósito de las víctimas de la dictadura en Argentina). Sarlo repasa las ideas de Friedrich Nietzsche, Walter Benjamin, Paul de Man (deconstrucción de la autobiografía) y Primo Levi sobre la construcción del discurso historiográfico. Según la autora, el diálogo sobre historia descansa en el reconocimiento de su carácter incompleto. Desde la hermenéutica, Paul Ricoeur afirma que el presente de la enunciación constituye el tiempo base del discurso, por lo que éste queda inscrito en la narración. Esta circunstancia significa que el narrador esté implicado en su historia, es decir, existe una diferencia entre la historia y el discurso sobre ella. La marca del presente sobre el acto de narrar el pasado es inevitable.
El enfoque sexuado que ocupa a las coordinadoras y a las autoras, me parece ser un gran acierto. Lo que escribimos, está determinado desde nuestra posición en el mundo, el mundo y la percepción de las mujeres dista mucho de la de los hombres. Monique Wittig distingue entre “mujeres” (se refiere a la clase dentro de la que luchamos) y “la-mujer” (el mito que es una creación imaginaria). “La-mujer” existe para ocultar la realidad de “las mujeres”. Virginia Woolfe dice al respecto: la primera tarea de una mujer escritora es “matar al ángel del hogar”. Hablando de Virginia Woolfe y recordando su exigencia de un cuarto propio, tuve que pensar en lo que dice Gloria Anzaldúa en “Borderlands”: no te detengas en buscar un cuarto propio, escribe donde puedas …
Monique Wittig considera que las mujeres siempre estamos definidas sexualmente, y en consecuencia se deriva un servicio sexual forzoso (igual al servicio militar) del que solamente las lesbianas y las religiosas escapan. También toca el tema de la libertad y la dicotomía de Hegel de amo y esclavo. Hace un símil entre hombres y mujeres, no existen amos sin esclavos, tampoco mujeres sin hombres. Judith Butler estipula que las lesbianas no son mujeres porque niegan a definirse por los hombres.
1. Empiezo con aspectos formales: la buena secuencia de capítulos lleva a la lectora interesada de la mano. Muy buena y fluida redacción de cada uno de los capítulos, y así como un buen cuidado editorial.
2. Me encantaron las consideraciones sobre el quehacer de una historiadora. Cómo encontrar los textos. Qué filtros considerar bajo los cuales se esconde la escritura de las mujeres.
Imagen de la mujer: desde la perspectiva de la grandeza, y no de la humillación y opresión.
Temario: (algunos temas)
– Religiones: iluminismo, religiosidad y misticismo franciscano. Políticas oficiales de la Iglesia Católica.
– La vida en los conventos: quién podía ingresar. ¡Dote! Por qué (entre otras razones): salvaguardar patrimonio familiar.
– Decisiones individuales: consideraciones sobre el tema de la libertad: condicionada por circunstancias sociales y económicas de una época dada. ¿Hoy? ¿Cómo es la búsqueda de la libertad?
– Libertad y escritura: caso de Harriet Jacobs: trascender su condición de esclava y de raza a través de escribir, plasmar su experiencia sobre el papel. Para Isabel Manuela de Santa María escribir significaba alejar las tentaciones del pecado.
Secuencia del libro: Consta de dos partes: la escritura y la libertad.
Introducción: Procedencia variada: África, América, España. Negras, mestizas, indígenas, blancas. Desde la grandeza. Práctica de escritura. Libertad: fuera de sistemas políticos y sociales, transgresión. Práctica de escritura. Historiografía: conocimiento es sexuado. Historiografía de contextos generales tiene mirada masculina. “Escribir historia, desde entonces, se convirtió en una necesidad del alma.”
I. Escritura de aventuras espirituales
Clara Ramírez: Las búsquedas espirituales de Inés de la Cruz (1570 – 1633)
Contexto social e histórico de la fundadora del convento del Carmen (Ex Teresa), la historia de su vida, plasmada en la Autobiografía. La convivencia de tres religiones en Toledo, lugar de la madre, que se perdió a finales del siglo XV, dando lugar a la persecución de judíos y musulmanes. Tema de las beatas. Doctrina iluminista: espiritualidad que buscaba unión directa con Dios, sin mediación de Cristo o de la Virgen. Contra iglesia dominante.
Pensé en esos dos libros al leer el artículo de Clara:
Enrique Serna, Ángeles del abismo, tema de una beata falsa.
Nathan Wachtel, La foi du souvenir, tema de marranes, judeoconversos.
Carolina Narváez: La dicha en la mística femenina. La experiencia de júbilo en Isabel Manuela de Santa María
Siglo XVIII, Nueva España. El texto “De conciencia” se encontró entre papeles del tribunal inquisitorial, por ser considerado escrito herético. Texto quizá cercano a movimiento alumbradista que en siglo XVIII tuvo notable presencia en Nueva España. Fue escrito a petición del confesor, a través de escritura revive arrebato místico. Mientras que el texto de Clara nos da las circunstancias exteriores de la vida de una monja beata, Carolina nos acerca las experiencias mismas del misticismo que significa sentir, no comprender. Para la monja escribir es esencial, entiende la escritura como oración, no escribir significa para ella entrar en al tentación del diablo. En el siglo XVIII había un descreímiento hacia beatas, se vinculaba la experiencia mística con lujuria y pecado de carne.
Sari Meléndez Barrera, Escritura y mujeres de origen africano en el ámbito conventual iberoamericano
Siglos XVII y XVIII. Juana Esperanza de San Alberto y Teresa Juliana de Santo Domingo (Chicaba). Posibilidad de salvación definía en gran medida la humanidad de una persona, presunta imposibilidad de salvación de personas africanas y afrodescendientes, justificó esclavizar a 13 millones de africanos en esta época. Comunidades monacales tenían demanda de adquisición de esclavas, en los conventos grandes de la Ciudad de México mujeres africanas constituían dos terceras partes de la población, llegaron a veces como dote de las monjas, o bien fueron criadas libres (enfemería, limpieza, cocina, huertos). La priora del convento carmelita de San José en Puebla redactó la biografía de sor Juana Esperanza. Me resultó interesante el comentario de Sari acerca del racismo que, generalmente, se piensa ser una ideología del siglo XIX, pero sor Juana Esperanza lo sufrió en el siglo XVII. En el caso de sor Teresa Juliana había ya una evangelización en África (Congo) y se percibe la transculturación entre catolicismo y prácticas religiosas de origen africano (por ejemplo, en el tratamiento animista y fetichista de figuras e ilustraciones religiosas).
II. Escritura y voces en busca de libertad
Mariana Abreu Olivera, La escritura de Harriet Jacobs: una exploración a través de sus cartas y otros textos
Marisa Belausteguigoitia escribe en la introducción de Borderlands de Gloria Anzaldúa que la interseccionalidad es la marca de diferencia que constituye el sujeto por y más allá del género, es decir, para mujeres de color no hay un “nosotras” y tampoco “mujeres”, como en el feminismo hegemónico de las clases medias anglosajonas que pueden decir “nosotras las mujeres”. Incidents in the life of a slave girl. Written by herself. Publicado bajo el pseudónimo de Linda Brent, en 1861, la misma fecha en que estalla la Guerra Civil. Diferencia entre estados del Norte y del Sur, produción algodonera en el sur, necesidad de mano de obra, en el Norte industrialización, trabajo asalariado, esclavismo marginal. (Nelson Whitehead The Underground Railway). Imagen de la mujer: “ángel del hogar” en mujeres blancas de clases medias y altas, culto a lo doméstico, distinción entre esfera pública y privada. En cambio, las esclavas, mujeres de color, ideología basada en la racialización del cuerpo. Violencia sexual y procreación para esclavizar a hijos de mujeres esclavizadas. (1807: prohibición del comercio transatlántico de esclavos). La experiencia de Harriet Jacobs autoriza su voz. Lucha abolicionista.
Christiane Benhumea Rebollo, La libertad de acción de la cacica Micaela Pérez, San Bartolomé Coyotepec, Oaxaca, siglo XVIII
En Nueva España la cacica era una mujer de linajes nobles de origen prehispánico, legalizado por reales cédulas en el siglo XVI, inicio del siglo XVII. Micaela Pérez intentó, y lo logró, divorciarse de su marido por maltrato, alcoholismo y adulterio, como queda plasmado en las actas de divorcio. Indispensable era el apoyo de la madre, ambas eran cacicas entre 1750 y 1800. Logró primero un divorcio temporal por “sevicia y malos tratamientos”. También se oye la voz del marido que acusa a la suegra haberlo inducido al alcoholismo por tener una bodega de pulque. Micaela arguye que sólo quería quedarse con su patrimonio, y finalmente logra el divorcio por el adulterio del hombre.
Claudia Llanos Delgado, El alférez, doña Catalina de Erauso. Una mujer en relación de libertad con otras
Curioso mi hallazgo de encontrar la Monja Alférez en el libro de Luis González Obregón, Las calles de México. Sucedido de la calle espalda de San Diego. El texto de Claudia es muy personal y se intercala con relatos personales en que, parcialmente, se refleja la historia de la monja alférez. Travestismo, lesbianismo. Recordé los postulados de Judith Butler en Gender Trouble, donde apunta que el género se debe a un acto performativo repetido. El destino femenino en el siglo XVI y XVII era confinamiento, sea al matrimonio, sea al convento. Parece que el travestismo de mujeres fue frecuente, con la finalidad de conseguir empleo, oficio como soldado o marinero. Catalina escapó del convento en vísperas de su profesión como monja. Esta búsqueda de libertad se entiende en un contexto histórico específico (misticismo, abolicionista, travestismo, quizá no se entiende desde otro horizonte de perspectivas (Michel de Certeau).